
Desde que conozco y uso Internet he tenido la sensación de que la percepción del tiempo en lo referente a la red es diferente. Independientemente de la experiencia, de lo positivo o negativo de la misma, una sesión conectado a la red, es como todo, te puede divertir o aburrir, puede aportarte conocimiento, confusión o errores. Es evidente que una hora de esa sesión nos parecerá corta o larga en función de lo que nos abstraiga del entorno. Hasta ahí todo igual.
Lo sorprendente comienza cuando las experiencias en la red son almacenadas en nuestra mente, es ahí donde una vez recuperado el recuerdo el tiempo se dilata, de tal manera que un mes puede parecer un año y un año un lustro. Personas que se conocieron por Internet y conversaron durante unos días, dan la sensación de ser viejos conocidos. Hechos que fijaríamos en ocurridos hace tres años, en realidad sucedieron hace seis meses. ¿Qué enigma rodea a esta experiencia para que sean procesadas de forma diferente a las demás?
Tendría poco de mágico si la explicación la basáramos en la velocidad con la que experimentamos. El ritmo de desplazamientos, adquisición de conocimientos, experiencias en Internet es vertiginoso en comparación con esas mismas actividades en el mundo físico. Lo que en el mundo virtual es vivido o investigado en un intervalo breve de tiempo, en la vida real ocuparía un tiempo más prolongado. ¿Será por eso que nuestra mente con sus mecanismos alejados de la virtualidad supone que tal cantidad de experiencias debe remontarse a una antigüedad superior a la que realmente tienen y por tanto de ahí se deriva esa sensación que nos deja? El caso es que si existe una curvatura resultado de dos coordenadas, espacio y tiempo, virtualizada la primera – la espacial- , se distorsiona en nuestra mente la segunda – la temporal-.
A los que nos gusta rebuscar en el pasado, recuperar imágenes perdidas, los amantes de lo clásico, el vintage y en general los nostálgicos, normalmente consideran interesante en este sentido algo cuya antigüedad pueda superar los treinta o cuarenta años. En la vida real, no se considera clásico ni vintage cualquier cosa de hace cinco. ¿Dónde se sitúa el límite de lo clásico en Internet? ¿Qué antigüedad debe tener algo en el mundo de Internet para despertar el interés de los nostálgicos?
En este año, con motivo del décimo aniversario de Google, estamos teniendo buenas pruebas de cuanto expongo. Si por un lado decimos, “Dios mío, diez años ya”, por otro cuando recordamos las webs que visitamos entonces nos parece cosa del cretácico. ¿Que les diré si presenciamos una pantalla de Lycos de 1996? Yo he tenido la sensación que entre esa pantalla y el big bang hubo tan solo un suspiro, y que fue a partir de ahí cuando todo comenzó.

El mismo buscador Google ha encontrado atractivo removernos a aquellos tiempos, y ofrece la dirección www.google.com/search2001.html En ella, a la vez que rastreamos la red, nos ofrece un vínculo para que lo hagamos como si del 2001 se tratase. Ya incluso se empieza a manejar el concepto de arqueología de la red, algo así como webarqueología, con sitios como Waybackmachine o Web Archive (http://www.archive.org), que nos ofrecen su impresionante archivo de páginas organizados por fecha. Puede usted ver, por ejemplo, como era la web de Google cualquier día del año 1999. Cierto es que no funcionarán la mayoría o la totalidad de los enlaces, pero tal como ocurre con la arqueología, el aspecto nos dirá mucho de aquel tiempo, además tenemos la ayuda del recuerdo, aunque en lo temporal algo alterado. Una pequeña parte nos ayuda a reconstruir bastante del todo.
Una prueba de todo cuanto estamos tratando viene del hecho de que Web Archive empieza a almacenar páginas cuya antigüedad es superior a seis meses desde su creación, podemos suponer que la razón radica en que solo se archivarán páginas que ya presenten una expectativa de continuidad y ya son consideradas consistentes, pero también podríamos suponer y hasta sorprendernos que esto es un indicio para establece que en internet, con seis meses, ya eres digno de ser pasto del recuerdo.
1 comentario:
Según lo expones suena así como una Ciber-Máquina de Antiquitera. Qué curioso, sí. Mira que somos curiosos... Y sin embargo somos la última fuente en la que nos saciaríamos.
Un interesado saludo.
canisia
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