Hoy he recibido una llamada telefónica, gracias a Dios no estaba en casa en ese momento. El comunicante llamaba de parte de una entidad bancaria, posiblemente para ofrecerme algún producto, y digo posiblemente porque con ese banco no tengo relación comercial alguna.Las experiencias con estos spams telefónicos son siempre las mismas. Ellos te ofrecen tarjetas de crédito, cuentas a un interés superventajoso, regalos por abrir una cuenta en la que se deposite la nómina, pero cuando le dices que ya tienes tarjeta y que procuras no usarla porque estás tieso, que tu nómina ya la tienes domiciliada en otra entidad y que no acaban de hacerte el ingreso y ya estás en rojo, cuando le demuestras que estás boquerón-boquerón, es entonces cuando el sujeto te ofrece un crédito hipotecario para refundir las deudas. Si en EEUU se impusieron las hipotecas subprime aquí se impone convertirte en un subprime a golpe de sablazos.
Esta crisis además de dejar a más de uno con una mano delante y otra detrás, está demostrando que la práctica por enriquecerse y reventar al mundo ya no tiene límites, se va a saco. Todos los días nos desayunamos con que los gobiernos van a empezar a destinar partidas importantes de dinero para rescatar a las entidades financieras, con el fin de que no se produzca el tan temido colapso económico. Utilizando los símiles de mi gran amigo Bululú, esto es como si Papá estuviese pagando las deudas que ha generado su hijo mayor con sus golfadas. Lo lamentable del asunto es que este hijo, aun está con la cara colorada, aguantando reprimendas y aceptando planteamientos de portarse bien, y en realidad en la cara de Papá sigue medrando.
Todo ese heroico rescate lo llevan a cabo los gobiernos con unos recursos económicos resultantes, no olvidemos, de lo recaudado o recaudable al ciudadano. O sea que cuando te levantas y te hablan de estas cosas, en realidad eres tu el que además de estar hasta el cuello con la hipoteca, estás financiando el rescate del banco de marras. Y no queda ahí la cosa, mientras te tomas un café lees que EEUU y Europa abaratan el precio del dinero, pero cuando parece que te empieza a pasar el aire por la garganta lees que, pese a ello, ha subido el Euribor, o sea, el dinero más barato y la hipoteca más cara. Está claro que uno se estaba ahogando, nos empujaron para que lo salváramos y una vez en el agua, el socorrido se está subiendo encima para respirar aunque sea a costa de asfixiarnos a los héroes.
Desde luego que no se cuando el ciudadano, harto de todo esto, se va a plantar, porque motivos de sobra ya los tiene.
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