La celebración de la Navidad – natividad – es una tradición que pese a estar controvertida en los últimos años, por el carácter consumista que ha ido adquiriendo, está completamente impuesta en las civilizaciones nacidas en el caldo judeo-cristiano. Básicamente todos sabemos que esta celebración, más o menos amplia, según el país, se centra en el supuesto nacimiento de Jesús de Nazaret, el Mesías, el día 25 de diciembre. Así fue instituido por el Papa Liberio en el 354.¿Jesús, históricamente cierto o mito?
Con el nacimiento de la historiografía en el siglo XVIII, un deseo de constatación histórica ha obsesionado a los eruditos desde entonces y no tan solo por encontrar los detalles ciertos del nacimiento de Jesús sino de su autenticidad como persona real que protagonizó aquellos episodios de la historia en los orígenes del cristianismo. La misma Iglesia se vio obligada a dejar a un lado el dogma para buscar fuentes reales que no dinamitaran las bases de su doctrina.
Desde finales del siglo XVIII lo único que ha podido ser establecido es la falta de testimonios escritos que avalen de forma contundente que Jesús realmente existió. En principio las únicas fuentes que hacían referencia al personaje histórico han sido las provenientes de la propia doctrina cristiana, los evangelios canónicos, los apócrifos y todos aquellos textos que forman el cuerpo del Nuevo Testamento. Resulta llamativo que historiadores como Filón de Alejandría, supuestamente contemporáneo a Jesús, e interesado en la historia de Palestina y los diferentes movimientos sectarios del judaísmo, no mencionase a Jesús de Nazaret en ninguno de sus cincuenta escritos conocidos. Cómo tampoco lo menciona Justo Tiberiades, también contemporáneo de Jehosuá, que escribió la historia de Palestina desde Moisés hasta setenta años después de la muerte de Jesús. El caso es que estos dos hechos objetivamente se pueden considerar también no como una negación de la existencia de Jesús sino como una ausencia de datos del mismo.
De hecho la Iglesia, además de otorgar a las Sagradas Escrituras autenticidad histórica, se esforzó en encontrar otro tipo de constatación, ya que necesitaba escapar de la idea de que todo su cuerpo doctrinal se basase únicamente en un mito, y la encontró en el historiador judío Flavio Josefo, quién en dos pasajes de su obra hace referencia a Jesús. En uno de ellos de forma indirecta, al relatar el episodio de la lapidación de Santiago y referirse a éste como “hermano de Jesús, llamado el Cristo”. En el otro completamente directo se refiere a él como contemporáneo al mandato de Pilatos (26-36). Expresa:
“Si es que se le puede llamar hombre porque realizó hechos portensos ... Maestro de hombres que aceptan con gusto la verdad, atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. Era el Mesías.”

Pese a todo, los oponentes declararon a Flavio Josefo como voluble y quizás influido por parte de los seguidores de esta nueva religión. Lo cierto es que las posibilidades que se plantean no resuelven la incógnita porque la ausencia de testimonios no representan necesariamente su inexistencia, debido a que quizás en aquel tiempo esta secta no fuera considerada importante, ni trascendiese realmente su presencia, pero por otra parte a la vista de los hechos tampoco puede descartarse desde un punto de vista racional que Jesús de Nazaret fuera un mito creado por el judaísmo mesiánico e incluso por Pablo de Tarso, verdadero bastión ideológico de la nueva iglesia.
Origen de la celebración el 25 de Diciembre.Aun dando por cierta su existencia, al profundizar sobre sus orígenes, su nacimiento, se evidencia que ésta no se produjo ni mucho menos el celebrado día 25 de Diciembre. Esto parece más bien una adaptación de las por entonces nuevas creencias con las costumbres arraigadas en los demás pueblos, no solo del Mediterráneo sino de Europa. El 25 de Diciembre es además conocido como el día del solsticio de invierno, es decir, a partir de este día las horas de luz aumentan respecto a las horas de oscuridad. Las celebraciones de estos antiguos pueblos debido a este inicio de un nuevo ciclo solar, le dieron un carácter sagrado, el triunfo del Sol invicto sobre las tinieblas. De hecho el mitraismo, culto que compitió con el cristianismo en sus primeros tiempos, celebraba el nacimiento de Mitra también un 25 de diciembre.

Otras celebración coincidente, era las Fiestas Saturnales de Roma, entre el 17 y el 25 de Diciembre de cada año, qué además de celebrar el solsticio de invierno se caracterizaban además de ser de comida y bebida abundante, de practicar con especial devoción la fraternidad con un especial buen trato a los esclavos y de agasajar a los demás con regalos.
De las fuentes escritas parece imposible que este nacimiento se produjese en Diciembre debido a que el único que aporta datos sensibles de interpretación es Lucas en su evangelio que especifica que los rebaños estaban en abierto, algo impropio de una fecha invernal.
No escapa a la consideración lógica que el cristianismo pese a su nacimiento en Palestina como secta mesiánica judía para su supervivencia y expansión necesitaba imponerse en otros pueblos considerados gentiles por el judaísmo y o bien era necesario una fusión de las costumbres para que esta se produjese o fueron los nuevos devotos los que terminaron por adaptar sus antiguos ritos a la nueva doctrina.
El verdadero momento cero.

En cuanto a su año de nacimiento, aunque sea un dato de menor importancia, parece que se admite que el año cero tiene un error de cálculo de entre cuatro y seis años. En el siglo VI el Papa Hormisdas encargó a Dionisio el Exiguo la elaboración de una cronología que datara el verdadero año del nacimiento de Jesús y dar así lugar a un calendario en el que se fijara el año 1 (hay que recordar que el número cero solo es añadido al sistema numérico occidental durante el segundo milenio). Según parece Dionisio cometió un error de cálculo al fechar erróneamente la muerte de Herodes I el Grande en el 753 después de la fundación de Roma, y no en el 748 como parece ser que realmente ocurrió.
¿Belén o Nazaret?
¿Deberíamos en esta fecha montar un belén en nuestras casas o deberíamos montar un nazaret? Sobre el lugar también existen controversias, pese a que se fija en Belén existe una opinión de que en realidad de lo que se trató a posteri fue de hacer coincidir el nacimiento de Jesús, el Mesías con la antigua profecía judía: “Y tu Belén Éfrata, la más pequeña entre los clanes de Judá, de ti saldrá el que ha de reinar en Israel”. Por otra parte solo son Mateos y Lucas los que hace referencia a este lugar. Sobre la prueba que supone que la familia debiera regresar a Belén para cumplir con el censo en su lugar de orígen según un decreto de César Agusto tampoco parece tener mucha veracidad, primero por la ausencia de testimonios escritos y en segundo lugar porque los censos eran realizados con fines fiscales y parece más apropiado que estos registraran a las personas en sus lugares de residencia y no en aquellos en los que nacieron pero ya no residían.
Es de mucho peso el hecho de que Jesús fuera conocido como Jesús de Nazaret. Los judíos tenían como costumbre nombrar a las personas añadiendo a su nombre o bien el de su lugar de origen o el de su padre, y Jesús no fue nunca referenciado ni como Jesús de José ni como Jesús de Belén, sino como Jesús de Nazaret.
