lunes, 8 de junio de 2009

Cuestión de mérito


Cuando yo era joven, muy joven, muchos partidos de fútbol los ganaba un equipo antes de vestirse de corto. El nombre del equipo hacía mucho. El equipo definible como superior salía a comerse al modesto, y el modesto salía con la mentalidad de cerrar todo lo cerrable, y lo demás, como atacar, ya se vería. Es por ello que el Cádiz acuñó en una temporada en Primera el sobrenombre de “matagigantes”, por lo inusual que era que un equipo recién ascendido venciera, aunque fuese en su campo, a más de un grande.

También cuando era joven, más o menos joven, aunque el futbolista ya ganaba como para malgastar, como para que le saliesen amigos indeseables por todas partes, o como para ahorrar y montar una tienda de deportes al retirarse, en los clubes, digamos normales, no existía mucho la palabra reforzarse. El equipo que ascendía de división jugaba la temporada siguiente con eso que tenía y si acaso algún fichaje más. En caso de descenso tampoco se veía mucho aquello de “estos jugadores se marcharán porque no son para esta categoría”, allí mamaba descenso todo el mundo. Es por ello que el Cádiz, como otros tantos equipos, también fuera conocido como equipo ascensor. Sus plantillas eran punteras en segunda y modestas en primera. Nadie comenzaba una temporada desde cero, con un plantel completamente renovado.

No digo que todo esto fuera ni bueno ni malo. El aspecto negativo es que la competición en España era mucho más estática. Además de la potencia del club en si, estaba su peso en la Federación y en el estamento arbitral. Aunque no vamos a negar que siguen existiendo diferencias, sobretodo presupuestarias, ni vamos a descubrir ahora las cantidades desmesuradas que mueve el fútbol. En la liga española, en primera división, dos equipos acaparan el 70% del presupuesto total de los veinte clubes que militan en ella. Pero ya no es necesario acudir a Madrid o Barcelona para ver cracks en la plantilla de un equipo, el abanico al igual que el boquete económico se ha ampliado a otros equipos. Las nuevas técnicas de preparación han potenciado el aspecto físico de los jugadores, y ya va siendo más difícil que un jugador por técnica futbolística pueda con otro jugador físicamente muy dotado y preparado. Se acabaron las pachanguitas de competición oficial, hasta tal punto que ya no es nuevo el dicho “ya no hay enemigo pequeño”.

Es así que cuando se salta al campo allí ves a veintidós jugadores y si bien, a priori, un equipo es probable que gane, ya nadie pone la mano en el fuego por ello, y es que todos los factores han llegado a convertir el fútbol en un deporte algo más imprevisible. Visto desde fuera, en los papeles de las fichas de los jugadores, en los presupuestos de las plantillas, puedes tener la tentación de dar por sentado que un equipo como el Cádiz lo haya ganado casi todo esta temporada en 2ªB. Salió con un objetivo indiscutible, retornar a la Liga de Fútbol Profesional. Para ello se procuró hacer una plantilla y contratar a un cuadro técnico que hiciera factible esa consecución. Y si bien los cimientos se pusieron, también con ciertas equivocaciones, luego está el campo, el balón y sobretodo los contrarios.

Veintiún equipos que no han regalado nada, que no han salido al césped dándose como derrotados, y a fe que intentaron sumar puntos frente a ese hipotético Cádiz superior, qué si bien, en ocasiones, se ha mostrado verdaderamente por encima, siempre ha tenido que pelear los partidos de igual a igual. Su entrenador Javier Gracia, pocas veces ha visto el desarrollo del encuentro sentado. En las pocas ocasiones en que se ha pecado de confianza nos hicieron un descosido, porque diría el castizo que aquí el más tonto te hace un reloj de madera. Ahora con el ascenso conseguido y el título de campeón de 2ªB, categoría que comparten otros 79 equipos, tenemos la tendencia a afirmar que era una obligación este desenlace. Yo afirmo que era una necesidad imperiosa. Era vital que el Cádiz ascendiese, lo contrario habría supuesto iniciar una nueva etapa con desenlace más que inquietante, pero todo esto no resta absolutamente ningún mérito a lo conseguido. Esto no ha sido el examen de Septiembre o de Febrero. Había que empezar desde cero, con todas sus incógnitas y toda la carne por poner en el asador y ha salido de forma excelente. Es por ello que hay que felicitar a los profesionales que lo consiguieron y no restarles ni un ápice del mérito, porque hoy en día con el nombre solo te presentas, nadie te pone una alfombra para que salgas por la puerta grande. La alfombra la puso el mérito y el esfuerzo y no la obligación.


Mi agradecimiento a PortalCadista.com por las imágenes cedidas.

jueves, 4 de junio de 2009

La nueva teocracia de Leire Pajín.

“Es la hora de diseñar un mundo más justo, más prospero y más equilibrado. Desde luego, los socialistas españoles, asumimos este reto con verdadera pasión y responsabilidad, conscientes de lo mucho que nos jugamos; y como todo acontecimiento histórico necesita de sus símbolos, les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta. La coincidencia en breve de dos liderazgos progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en Estados Unidos y la presidencia de Zapatero en la Unión Europea en tan solo unos meses. Estados Unidos y Europa, dos políticas progresistas, dos liderazgos, una visión del mundo, una esperanza para muchos seres humanos.”

Ya me hubiese gustado tener la oportunidad de preguntarle a Leire Pajín donde establece la causa de semejante coincidencia histórica. Cuál es su visión del asunto. ¿Es una cuestión meramente circunstancial que debe ser aprovechada? Si es así el fenómeno podría ser calificado exclusivamente de Forrestgampiano, sin profundizar más. Zapatero una pluma más en el devenir caótico y aleatorio del mundo. Cómo me voy a quedar con las ganas, no me queda otra que analizar por mi cuenta atendiendo a ambas posibilidades.

Si la primera explicación es que la conjunción de ambos liderazgos es solo fruto de la casualidad, no hay más cera que la que arde. Pero por la entonación y el sentido de trascendencia que emplea la tal Leire, uno tiene la sensación de que ella establece más un origen causal, y que quieren que les diga, este PSOE no deja de asombrarme. Quién me iba a decir que un hijo del materialismo histórico, aquel que proclamó que la religión es el opio del pueblo, venga a estas alturas a proponer visiones providencialistas de la historia. De un plumazo Leire Pajín acaba de volver a los postulados de la historiografía de las sociedades cristianas de la Edad Media. Zapatero, ya no es un ser humano que lidera un partido que ha ganado unas elecciones y que va a afrontar la presidencia de turno de la Unión Europea. Ha sido elevado en una primera instancia a Mesías junto con Obama, algunos lo llamaría por la Gracia de Dios, otros, más de la New Age, gracias a una fuerza energética desconocida, de origen universal y que todo lo procura y equilibra. ¿Será consciente Leire Pajín que acaba de hacer un remake de la teocracia? Zapatero y Obama acaban de ser nombrados la mano ejecutora de aquello que procura un nuevo orden mundial cargado de justicia.

Pero hay mucho más, una frase que está ahí en medio, casi pasando desapercibida, entre comas: “... y como todo acontecimiento histórico necesita de sus símbolos ...”. Entre tanto Zapatero esté con vida, y no suba al Olimpo, no suceda a San Pedro en la vigilancia de la entrada del reino de los cielos, no sea un profeta reconocido por el islam, o deje de reencarnarse porque con esta vida suya ya alcanzaría el Nirvana, entre tanto ya ha quedado igualado a otros símbolos, Martin Luther King, Gandhi, recorran ustedes la historia y extraigan nombres de aquellos de la máxima importancia para el transcurso de la misma, y ahí colocan a Obama de la manita con nuestro presidente.

De lo que no me cabe la menor duda es que estas cosas se oyen o se leen cuando se produce otro tipo de conjunción, que nada tiene de astral o providencial. La conjunción de la ignorancia con el ansia de trepar, es cuando surgen estos mensajes, carentes de la prudencia del que si posee el conocimiento, y carente del amor propio, de que hay cosas que no se hacen o no se dicen, aunque se te pasen por la cabeza, más que nada para no ridiculizarse uno mismo y por no dejar en mal lugar a los que comparten algo contigo.