jueves, 30 de abril de 2009

El día de la Madre-Padre

La reproducción, fenómeno por el que los seres vivos dan lugar a otros seres vivos, es un proceso en el que dicho de forma llana, unas celulas se transforman para dar lugar a otras, que finalmente formarán al individuo. Si en la reproducción intervienen dos individuos de sexos distintos, cada uno de ellos habrá preparado, mediante un proceso conocido como meiosis, células destinadas a fecundar o a ser fecundadas. Antes de producirse la meiosis cada una de estas células dispone de dos cadenas de 23 cromosomas cada una, 46 en total, son células diploides. Tras la meiosis, las células resultantes solo dispondrán de una cadena de 23 – células haploides - , pero al producirse la fecundación la nueva célula dispondrá nuevamente de las dos cadenas, cada una de ellas proveniente de cada uno de los progenitores, recuperando su condición de diploide.

Esta nueva célula también conocida como cigoto será la que inicie el proceso de formar a ese nuevo ser. Por esa característica de ser la generadora inicial de todo lo posterior, se dice de ella que es totipotente. En ese camino formará un cuerpo compuesto de una capa de células exteriores que protegen al conjunto de células que formarán el embrión. Estas últimas también son conocidas como células embrionarias, indiferenciadas o pluripotentes. No pueden formar un organismo completo (poseen la información de la secuencia de ADN al completo) pero producirán células, que esta vez sí, serán las encargadas de fabricar aquellas otras que formarán cada uno de los tejidos o componentes específicos del ser vivo.

El tratamiento con células madres trata concretamente de reproducir en un laboratorio las condiciones de esta reproducción a fin de que se obtenga el material necesario para recuperar un órgano o curar una enfermedad específica por carencias o defectos en el material humano. Ello se llevaba a cabo, bien utilizando células madres pluripotentes – indiferenciadas - o células madres adultas - diferenciadas -. Las adultas tienen la capacidad de regenerar tejidos en contínuo desgaste o dañados. Así por ejemplo en la médula podemos encontrar desde células que se encargarán de formar la sangre hasta otras - también presentes en el cordón umbilical - que pueden regenerar tejidos dañados del corazón. La ventaja de estas células es que se pueden extraer del propio paciente o de una persona compatible. La desventaja es que de momento existen aplicaciones limitadas por la propia diferenciación de estas células y su capacidad limitada para generar células especializadas de su mismo tipo.



Esta limitación puede salvarse tratando directamente con células madres pluripotentes, capaces de generar todas las demás, el inconveniente es que hay que extraerlas del embrión en formación, dejando a éste inservible, es lo que se llama el material embrionario sobrante. Y es aquí donde se produce el debate por cuestiones éticas. Al igual que en el aborto cuando se considera que se está eliminando la vida a un ser humano, algunos sostienen que se está generando vida para terminar con ella inmediatamente en esa práctica investigadora, de ahí su rechazo por esta práctica. No obstante también se investiga en la posibilidad de obtener esas células sin dañar al embrión.


Partenogénesis.
Una solución a priori sin conflictos.


Del griego parthenos (παρθένος), virgen y génesis (γένεσις ), generación. Se trataría de obtener células madres de células femeninas no fecundadas por el espermatozoide. Esto se provocaría por corrientes eléctricas o por medios químicos.

Esta forma de reproducción se da de hecho en ciertos insectos, anfibios y animales marinos. En concreto Meselson estudió los rotíferos bdelloideos (pequeños animales acuáticos) que han sobrevivido millones de años mediante esta reproducción. Pudo además comprobar que si bien la reproducción sexual reduce en mucho los parásitos genéticos - pedazos de DNA que se multiplican a si mismos causando daños genéticos -, en el caso de los rotíferos la eliminación de estos parásitos es total por lo que su reproducción en este sentido es perfecta.

También se da, como dijimos, en ciertos insectos, tales como los limenópteros sociales (hormigas y abejas). Tienen la posibilidad de reproducirse bien mediante fecundación, bien partenogenéticamente. Los individuos nacidos mediante óvulo fecundado lo harán a partir de células diploides (con dos cadenas de cromosomas) y serán siempre hembras. Por el contrario los individuos engendrados de forma partenogenética lo harán a partir de células haploides (una sola cadena) y serán siempre machos. Posteriormente a todo ello, dependiendo del alimento que reciba la larva se convertirán en obreras o en reinas.

En los peces se da ocasionalmente y solo por la escasez de machos, caso del tiburón martillo. En los anfibios esta reproducción asexual provoca la aparición de clones sin diferenciación alguna y por tanto sin posibilidad de añadidos genéticos por parte del nuevo individuo. Solo mediante la mutación podrán adaptarse a las variaciones medioambientales.

Pero de la partenogénesis surgirá a buen seguro un debate mucho más complejo y de difícil solución, y se basará en las peligrosas puertas que, eso si, con buenas intenciones irá abriendo la ciencia. Peligrosas puertas, en tanto en cuanto el ser humano nunca puede asegurar cómo utilizarán esos conocimientos sus descendientes. Una partenogénesis llevada completamente a término atentaría completamente a la nátura del ser humano, acomodando su reproducción a necesidades sociales, económicas o políticas. A nadie se le escapa el peligro de poder elegir de que sexo serán aquellos que nazcan. O que ciertos individuos nacidos de una partenogénesis, basándonos en el caso de los rotíferos, puedan ser seres biológicamente superiores al resto. ¿Que sociedad resultante tendríamos con la presencia de estos tipos diferenciados de seres humanos? ¿Estaríamos ante una clase de superhombres que dominarían al resto? En este mismo sentido, se podrían concebir seres que llevasen en su código genético el único propósito de producir y obedecer, eliminando de ellos el libre albedrío, una de las características más sobresalientes del ser humano.

Otra de las cuestiones sería que la ciencia nada dice del resultado de obtener un ser humano en el que no han intervenido las características masculinas y femeninas, es decir, personas sin el aporte del concepto o energía masculina. ¿Se perdería esa dualidad que tanto nos caracteriza? Que consecuencias al inconsciente traería todo ello. Estaríamos ante un ser nuevamente encaminado a la perfección o ante un ser con graves carencias. Una parte de la filosofía, y por supuesto de las religiones, nos hablan de esta característica dual del ser humano, dejando solo a Dios, y en concreto el Cristianismo a Jesús de Nazaret, la cualidad de ser uno en si mismos. Y es que, si damos por cierto que la madre de Jesús fue concebida sin intervención masculina, estaríamos próximos a una fecundación partenogénetica.

Nadie puede asegurar hoy en día que todo este asunto que en principio sería la bendita solución a tantas enfermedades, no pueda convertirse en una puerta a un espacio completamente desconocido y de consecuencias inimaginables.