jueves, 28 de mayo de 2009

De vez en cuando ... volveremos a encontrarnos

De vez en cuando

Escrito por: DMD el 26 Abr 2009 - URL Permanente

"Sería bueno que, de vez en cuando, no sé, cada cierto tiempo, un dios, no sé, su mano, nos volteara.

Sería bueno que nos metiera en un cubilete de dados y nos sacudiera febrilmente, y nos dejara caer renacidos y revueltos en el tablero.

Sería bueno que, de cuando en cuando, un genio, no sé, su magia, trastocara las fichas, los puestos, las reglas, las instrucciones y las circunstancias, y que, por ejemplo, pusiera al cuadrado en el lugar del círculo, al verdugo en el lugar de la víctima, al león delante del búfalo siquiera alguna vez, no sé, durante el tiempo suficiente para saber qué pasa, qué gusto tiene, por qué duele o no duele ser esto o lo otro.

Sería bueno, sí, si no hubiera magos ni dioses, que de vez en cuando nosotros mismos, no sé, vestidos de gigantes, fuéramos capaces de ponernos en el lugar que no nos corresponde, el de los otros, el de enfrente; para entender todos qué se siente en cada sitio, arriba y abajo, adentro y afuera, detrás y delante; y así, desterrar de entre nosotros el rencor y la soberbia, que son, a mi juicio, las dos miserias que envenenan el mundo."

Quizás esto fue de lo último que escribió la China, que así llamaba yo al amigo David. Le conocí como se conoce a tantos, a golpes de prisas y conversaciones a borbotones, y con las mismas prisas hubo un buen tono entre los dos, una aproximación de esas que nunca sabes hasta donde llegará. Las prisas del día a día, se terminan por convertir en una cierta amistad que se fue asentando poco a poco, y que tomó verdadera naturaleza corporal al otro lado de las vías de Cádiz, allí en Madrid, en la estación de Atocha, dónde cuatro días después se cometería una verdadera masacre.

Al otro lado de la incertidumbre estaba él esperándome, con una sonrisa de oreja a oreja, feliz y entrañable. De un grupo de personas fue al primero que conocí, porque él había decidido adelantarse mientras los demás o vagaban por la estación o estaban buscando aparcamiento. Fue en aquel abrazo de bienvenida, cargado de sencilla y transparente franqueza, cuando supe, que aunque era cuestión de tiempo que nos separáramos, a aquel tío no lo iba a olvidar en la vida. No hubo tiempo para mucho más, lo demás fue bullicio, gentes de aquí y de allá, poco tiempo para disfrutar de algunos y soportar a otros, pero si me dio tiempo a comprobar que era lo que era, sin más, sin añadidos que demostrar o defraudar. Un tío cariñoso que además enseñaba a su hija a pecho lleno, mucho más que cualquier escrito sublime que siempre perseguía conseguir.

Y es que la China, que un día se cansó de las prisas y los agobios de los mundos de los yupis, se embarcó en ser dueño de su propia empresa, de su tiempo, de sus descansos, pero tampoco en eso tuvo mucha suerte, cosa que no me extraña porque David solo hubiese sido feliz dedicándose exclusivamente a escribir. En los últimos años nos cruzamos escasamente alguna llamada, y en la última vez que nos encontramos le pregunté: ¿Cómo te va? Y tras unos segundos sin respuesta le añadí: creo que pregunté algo que no debía, y fue entonces cuando me dijo: “Tron la he cagado”. Me contó cuatro cosas que no vienen al caso y por mi parte quedó pendiente la intención de llamarle un día de estos para hablar con más tranquilidad. La llamada que te apuntas para el futuro y que demuestra que uno no ha aprendido una de las lecciones más importantes de esta vida, y es que la gente no va a estar ahí esperándote para cuando tengas un rato, la gente no suele dejar de morirse para esperarte.

No he conseguido saber bien que le ocurrió, tan solo que en un momento tan tonto como cualquier otro, el corazón se le paró, en esa juventud y a medio camino de consagrarse como un gran escritor, pero con el camino completado y consagrado de un gran espectador y narrador de la vida y de la interioridad de la persona, de lo que podría ser el interior de cada uno de nosotros. En ese último escrito en su blog cargado de vaya usted a saber que premoniciones, quería que un dios le removiera y bien que el cielo le oyó, y es que hasta su firma Dmd, - nunca supe si se referían a la coincidencia de las iniciales de su nombre y apellidos o era una abreviatura de Dios mediante -, la usó Dios para mediar, a nosotros nos dejó esa sensación de vacío, la cara de gilipollas y espero que a él, tras esa sacudida del dados en el cubilete haya encontrado la fuente de la inspiración. De todas formas China ve cogiendo sitio por ahí, que sin lugar a dudas nos volveremos a encontrar y alguien me lo tendrá que explicar.

Un fuerte abrazo Tron.