miércoles, 15 de octubre de 2008

Cádiz C.F. Un palco sepulcral.


La palabra “institucional”, aparte de su significado lleva un valor añadido. Al que forma parte de la institución y la representa se le atribuye la capacidad de representación de una colectividad. Es así que se le exige unas formas, un comportamiento exquisito, una pulcritud en todo lo que le rodea.

Ya se que las formas no anuncian las verdades, pero como dice el refrán “la mujer del César no solo tiene que ser decente, tiene que parecerlo”. Ya que en el Cádiz C.F. parece que la decencia hace tiempo que desapareció, y todo no es sino una cuestión de dinero en la que todo vale, al menos debería hacer todo lo posible por parecerlo. Entre tanto no llega un propietario que le devuelva la claridad, la transparencia y la verdad al club, al menos, mantengamos la dignidad de ser pulcros en lo visible, en las apariencias.

Pero este club se fue nutriendo en sus últimos tiempos de acuerdos oscuros, de pactos con el diablo y la podredumbre no solo ha entrado en las salas de prensa o en las oficinas del club. No solo hay juegos de manos con “representantes” de la afición, que como diría el bueno de Fernando Estrella, más parecen representantes del club ante la afición, se acordaron también tratos con el diablo, qué como en tantas ocasiones, tomó la forma de pluma corrupta y tendenciosa. La podredumbre entró por la sala de prensa, donde aun se mantiene y llega al palco, tanto es así que personas de comportamiento indecoroso aparecen confundidos entre los representantes de la institución.

Uno comprueba espectáculos como el de la rueda de prensa posterior al partido Cádiz - Ceuta o ve fotos de ese palco, donde en un tiempo reinaba el señorío y el saber estar, y siente verdadera vergüenza en lo que han convertido el sagrario del templo de Carranza. Los mercaderes de lo indecente han ido ganando sitio y no nos damos cuenta del daño que están haciendo, no solo a la imagen de este club, sino de la ciudad.

Llevo toda mi vida sintiendo a este club en lo más profundo, sin que nadie me convenciese, sin que me educasen en ello, sin que nadie me llevase de la mano al fútbol de pequeño y me inculcase el escudo, sencillamente porque así me entró, y nunca estuve más lejos de algunas cosas que pasan en la grada y de otras mucho más graves que pasan en los asientos de privilegio. Hoy vi al gerente de la sociedad Santiago Pozas Arjona, explicando los esfuerzos que se han realizado y se siguen realizando por tener las instalaciones en condiciones tras las lluvias. En ese momento me acordé de aquello de los sepulcros, brillantes por fuera y llenos de podredumbre por dentro. Hay otras lluvias, con aguas mucho más sucias que lejos de ser achicadas se están embalsando y que terminarán por corromper absolutamente todo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Amigo Pitraco, como bien dices, es triste la etapa que nos está tocando vivir (espero que efectivamente sea una etapa), con ese palco lleno de caspa. ¡Que tiempos aquellos!, cuando paseaba por la calle con mi padre, y tras saludar éste a alguien que normalmente poblaba el palco cadista me henchía de orgullo, simplemente por un saludo.
Ahora veo ese palco, y da vergüenza... y lo peor es que ese palco no es exclusivo para estar en familia, es decir, para Carranza, es el mismo que está acomodándose en los palcos
foráneos, bajo la permisividad de... ¿quién?
Hay alguno que tiene la cara como un rubí, no de valiosa, sino de dura y colorá.
Un saludo, amigo Pitraco.