viernes, 19 de septiembre de 2008

Se estropeó la máquina del dinero


Cuando yo era un niño, aunque no tanto como para no prestar atención a ciertos acontecimientos del mundo o a ciertas frases repetidas machaconamente, empecé a oir que la cosa se estaba poniendo cada vez peor, ya no hay tanto trabajo como antes se repetían unos y otros – sin ser conscientes de lo que quedaba por venir – el petróleo sube día a día y la gasolina se pone a precios prohibitivos, estaba rozando las 12 pesetas el litro si no recuerdo mal. Eran los inicios de los setenta, y entonces se decía que el mundo había entrado en crisis debido a la escasez petrolífera.

Reduje el asunto al hecho de que la gente se quejaba o de no tener dinero o de que no le llegaba con el que tenían para hacer frente a sus gastos, y fue entonces cuando formulé la pregunta: ¿Quién fabrica el dinero? El gobierno con unas máquinas. Asunto resuelto póngase la máquina a todo tren y fabríquese el necesario para que todos los españoles vivan con comodidad. Ya se sabe que los planes perfectos, incluso desde la inocencia, pueden tener fallos garrafales. Me explicaron que no se podía poner en circulación más dinero que lo que valiese todo el oro almacenado en el Banco de España. Sin llegar a entenderlo, acepté que era una regla, que tendría su explicación para la que no estaba preparado.

Desde entonces me he limitado, además de a cumplir años, a cumplir crisis, de repente un día te levantas y te enteras que alguien ha accionado un interruptor de Crisis On y en un periodo de tiempo variable la gente se espera como puede a que se diga Crisis Off. A las tres o cuatro crisis, o diez o doce, unas mayores o otras más leves, yo me creía en disposición de afrontar esa pregunta de un niño, y responder sobre el sistema fraccionario basado en el oro, que creo que así lo llaman. Sin embargo desde que sobrevino esta última que promete ser mencionada y de largo en los libros de historia, he vuelto a mi infancia, pues según parece el oro almacenado ya no es la base del dinero circulante, ni tan siquiera lo era cuando me lo explicaron. Vuelvo a no entender nada.

Si me he enterado que el dinero se genera en base a una serie de, para mi, complicadas operaciones en función de los créditos concedidos. Créditos de los que obtiene impresionantes beneficios. No es difícil imaginar que si ponemos un interés bajito y concedemos miles de créditos, tendremos miles de clientes dispuestos a pagar por ese importe recibido. Por otra parte la banca necesita tener depósitos, aunque no necesariamente en equilibrio con el dinero prestado. Partiendo de la idea de que no se va a poner todo el mundo de acuerdo para retirar sus fondos a la vez, el banco se puede permitir tener un 10% de lo que presta. Ya que la cosa se estaba poniendo fea, en lugar de reconducir el sistema con algunas medidas favorables al no consumo, las entidades financieras aprovecharon el incremento de los morosos para ofrecer más créditos que refundieran las deudas en una sola. El ciudadano asfixiado se acogía a esta solución como única alternativa para ganar tiempo y sobrevivir.

Y es así como ha ido creciendo la conocida burbuja, tan luminosa cómo débil, porque ha bastado que se den ciertas conjunciones para que la banca asfixiada por los clientes que no pueden afrontar sus deudas y a la vez aquellos que retiran, cerrara de forma repentina y brusca el grifo afectando al sistema económico de una manera tal, que incluso el gobierno español tuvo que empezar a abandonar la palabra “desaceleración” para admitir públicamente “crisis”.


¿Los resultados? El afectado más visible, el sector de la construcción. Ya es frecuente el paisaje de bloques de hormigón deslucido y grúas paradas, lo que permite suponer le incremento del paro. Una rueda que se pone en marcha y va pisando al resto de la economía. Según dicen queda crisis para rato, y algunos están asustados porque dicen no haber conocido otra igual. Debemos andar en las primeras de cambio, porque veo que estamos en la fase de atribuir culpas. La banca acusa al sector de la construcción e inmobiliario, y estos a la banca. Unos se acusan a otros, mientras en el caso de nuestro país, el gobierno mira hacia otro lado. En Estados Unidos, ya han empezado las quiebras de entidades financieras importantes, y ya se sabe que si en el siglo XVIII era Francia la que cuando estornudaba, se resfriaba Europa, es ahora Estados Unidos la que asume ese papel con respecto al resto del mundo.

En ciertos sectores de la población, el ciudadano ha recapacitado y se está dando cuenta que lo han ido acorralando y asfixiando por una cuestión de acumular poder y capital. De repente se ha dado cuenta de que así no se puede vivir, asustado con el mañana porque igual estará parado o porque ya lo está y no puede afrontar todo esto, y los que aun cobran no quieren ni oir hablar de primeros de mes, cuando no les quede nada y aun esté más de la mitad por pagar. Volverán las llamadas angustiadas a los bancos, pero esta vez no les cogerán el teléfono, porque ya no hay con que refundir. Los hay incluso que se plantearon denunciar todo esto de la manera más consistente, ahí está el ejemplo del catalán que valiéndose de falsificaciones de documentos y de un entramado perfectamente montado consiguió hacerse con 492.000 euros tras pedir créditos a 39 entidades financieras, créditos que no pensaba en ningún momento devolver. Ahora se encuentra en paradero desconocido, según él tras repartir ese dinero de la forma que creyó conveniente entre grupos insurrectos al sistema. Así que esta crisis nos trajo también a los Robin Hood del siglo XXI. Esta gran estafa ha puesto sobre la mesa la realidad de quién ha provocado todo este mare magnum, destaca cómo los bancos en su avaricia no han sabido medir las consecuencias de sus actos, y todo ello basado sobre una mesa con las patas demasiado débiles.

Aun no se que consecuencias reales va a traer todo ello, pero creo que el mundo va a sufrir una gran transformación, espero que para bien, me gustaría que para tener mayor conciencia y que el gobernante y el que tiene la cuota de poder, de una vez por todas asuma su responsabilidad como garante del bienestar de sus gobernados. De momento estoy de acuerdo con un buen amigo que me decía que al menos servirá para darnos cuenta de que todo iba demasiado deprisa, y esas no son formas.

4 comentarios:

bululu dijo...

Toda crisis es siempre el resultado de un desarrollo y crecimiento incorrecto del sistema. Es un colesterol, silencioso y dañino, que va acumulándose, sin percibirse, sobre las paredes de las arterias de nuestras distintas economías nacionales.

En un momento determinado, impredecible hasta para los más informados y sabios de la sociedad, el corazón de las finanzas sufre un "shock", a veces leves, las más; otras de gravísimas consecuencias. Así es la que estamos padeciendo en la actualidad. De tal envergadura y peligrosidad que al día de hoy aún no ha podido ser ni tan siquiera debidamente calificada por los expertos.

Nada volverá a ser lo mismo y la regulación y supervisión financiera serán más estrictas y restrictivas.

Con seguridad absoluta nos atrevemos a predecir que su salida va a ser difícil, angustiosa y devastadora. Pero también aseguramos que ese nuevo mundo financiero que aparecerá con posterioridad a este tsunami, va a ser muy diferente al que hasta ahora hemos conocido.

Que al final vender aire sale caro pero, al final, quienes pagamos somos todos aunque las culpas sean siempre de unos pocos.

Anónimo dijo...

Muy lucida tu exposición.

Pero a la pregunta ¿quien fabrica el dinero?, permite que te recomiende un vídeo excepcional y realmente didáctico que demuestra poco mas o menos que el dinero ya no existe. Que lo que hay es deuda y algo que la garantiza o avala.

http://video.google.es/videoplay?docid=-2882126416932219790&q=Dinero+es+Deuda&ei=dd6LSKLGI6TqigKz-tDGCA&hl=es

Anónimo dijo...

La presidenta del gobierno alemán, sí que sabe de lo que habla. Mientras allí se preocupan en buscar soluciones, independientemente de que todos vayamos al son de lo que suceda en USA, aquí se dedican a echarle la culpa a los yankis como excusa barata. Como dijo el otro día la Merkel (que no Max, el entrenador), cada país debe buscar sus propias soluciones. Rodríguez, mientras tanto, sigue en sus trece: la culpa es de USA. Olé sus narices, por no decir una malsonante en mi estreno en el blog de Pitraco.

einh? dijo...

Los europeos (o mejor dicho, los occidentales) vivimos muy bien. Sobrados de comodidades, hemos desarrollado tecnologías que nos permiten vivir a gusto, comer y almacenar alimentos, abrigarnos cuando hace frío, viajar y conocer el mundo en el que vivimos y por si fuera poco, hemos conseguido que la convivencia se rija por unas leyes y unas normas que la hacen posible y agradable. Al ser humano le ha costado mucho llegar hasta aquí y solo hay una cosa dentro de lo básico, que no ha sabido ordenar correctamente: la distribución por todo el planeta del estado de civilización al que me refiero. En definitiva, es el capitalismo el que se ha olvidado del resto del mundo desde que se inventó el dinero como medio de compraventa en lugar del trueque.

Desde hace ya muchos años, la economía mundial, se sustenta en la movilidad de las personas y las mercancías y esta movilidad a su vez, se basa en la existencia de una fuente de energía que como todos sabemos es limitada y está bajo los pies de los habitantes de unos pocos países.

El acceso al petróleo depende por tanto de los países productores y de las empresas explotadoras, la mayor parte de ellas extranjeras en las naciones donde se extrae. La variación de los precios de esta fuente de energía, depende además del sistema financiero, el cual, controlado por los bancos, occidentales en su mayoría y por otros tipos diferentes de grandes empresas, sufre constantes altibajos difícilmente controlables mediante la política local.

La subida del precio del petróleo, que en definitiva es la culpable de la crisis a nivel global, es una vez más, consecuencia, si no en todo, sí en parte, de la inestabilidad de algunos de los países que lo producen y en concreto de los acontecimientos posteriores (incluida por supuesto la invasión de Irak) al fatídico 11 de septiembre de 2001, día en el cual, además de que a unos fanáticos se les ocurriera estrellar dos aviones contra las Torres Gemelas de Nueva York, fue el día en que Pinochet derrocó al presidente Allende y el día en que nací yo. De estas dos efemérides, se acuerda menos la gente, sin duda alguna porque hace ya unos pocos de años.

Pues bien, sube el petróleo y ya está el lío montado. Cada pais soporta las consecuencias de este lío como puede y lógicamente eso depende, no solo de la fortaleza de su economía, sino de las medidas que emprendan sus gobernantes para ello. En ese sentido, el mundo en el que vivimos es una vergüenza. Mientras en España hay más de seis millones de viviendas sin ocupar, en decenas de paises, sus habitantes no tiene donde cobijarse cuando lleve o nieva. Mientras medio mundo vive para comer, el otro medio se preocupa porque a su Audi cada vez cuesta más darle de beber. Mientras unos nos preocupamos porque se derriten los hielos del polo norte, las grandes empresas de transporte se frotan las manos porque el famoso Paso del Noroeste, descubierto a comienzos del siglo pasado por un noruego con nombre de seleccionador danés, será navegable unos meses al año y se podrá ir del Pacífico al Atlántico en pocos días.

Con este panorama, el cual hace que este mundo no sea tan agradable, lo que a mi parecer es de una suprema ignorancia, es culpar a los gobiernos locales de este tipo de crisis. Ya hace muchos años que no son ellos los que gobiernan. Son precisamente, los mayores responsables de esta crisis los que lo hacen en su lugar. Se trata de los dirigentes de los bancos, los de las grandes empresas de transporte, petroleras, constructoras y similares, los que dictan las normas por las que se rige la economía y por tanto por las que se procura o descuida el bienestar del ser humano. Nuestros ministros de economía, en época de crisis, deben limitarse a capear el temporal y ya que nos hemos olvidado de las aldeas de Sierra Leona, qué menos que preocuparse principalmente de aquellos de entre nosotros que lo pasan peor.

La lucha contra el poder económico del planeta, no es cuestión de siglas de partidos políticos ni por supuesto, de los gobiernos nacionales. Es asunto de revolución a nivel global, de antiglobalización y de igualdad y de solidaridad. Esto ya hace muchos años que ha dejado de ser cuestión de derechas e izquierdas. Ideológicamente, se trata tan solo de sentido común. Ya vendrán desde la planta ciento y pico de las torres Nosequé, unos enchaquetados que lo jodan todo dentro de otros pocos años. Si salimos de esta.

Ya está. Queda inaugurado el blog del amigo Pitraco. Saludos a todos.