Estudiar el Cádiz de hace doscientos años no solo me está proporcionado conocimientos nuevos, sino que me está ayudado a comprender el porqué de muchas cosas del presente. En realidad eso no es nada nuevo, cualquiera podría afirmar que el pasado siempre justifica lo actual, pero no deja de ser gratificante descubrir los motivos de nuestras particularidades, del porqué actuamos como lo hacemos, o porque las cosas las vemos de tal o cual forma. Como también lo es saber que Cádiz fue algo muy importante, no solo porque algunos lo digan o porque nos pueda la pasión de ser gaditanos, sencillamente así fue.Somos afortunados, porque esta ciudad es un caso único en el que solo tenemos que extraer los acontecimientos y situarlos en un entorno que está ahí casi inalterado, como metido en una burbuja en el tiempo. Afortunada o desgraciadamente las condiciones que se dan no son las mismas, pero uno puede ir a contemplar los sitios donde sucedieron las cosas sin necesidad de imaginarlos. Algunas veces tras permanecer horas entre páginas de papel y de ordenador, me asomo a mi ventana y poso mi mirada sobre ese Cádiz antiguo, allá al fondo, y me digo, no solo está ese entorno en mi mente gracias a las descripciones, está ahí delante de mis ojos.
Otra de las cosas que me engancharon de forma adicta a la lectura de “El Cádiz de las Cortes” de Ramón Solís, o de otros tantos libros que tratan el tema; de prensa de la época y, en definitiva, de todo cuanto papel o lo que sea de ese tiempo que caiga en mis manos, fue aparte de lo ya mencionado, el hecho de ponerle nombres nuevos a sitios sobrada y no tan sobradamente conocidos. Fue ver la ciudad desde otra óptica. Y sobretodo el planteamiento de Solís, en que la historia del hombre no es la mera sucesión de acontecimientos importantes en su vida. Es su día a día, el sitio donde trabaja, come, pasea, conversa o duerme. El sitio, la importancia extrema del sitio. La historia del hombre comienza por el lugar donde se encuentra y no en si mismo como ser aislado partícipe de acontecimientos trascedentes. El hombre es uno con su medio, pero de una forma mucho más profunda de lo que habitualmente se reconoce, tan solo es que hasta ahora solo tenemos las pruebas más palpables de que es así, y no hemos descubierto otras algo más escondidas. Pero es una verdad contundente. El gaditano no es solo una persona que nació y vive o vivió en Cádiz, no es solo alguien que hizo suya a la tierra, es parte de esa tierra. El gaditano, como cualquiera en tantos lugares de este planeta, tiene los genes que les fueron transferidos por sus antepasados de forma biológica y luego están esos otros genes que llegan a través del medio físico, del aire, del mar, del cielo, la luz y en definitiva de todo lo que conforma este lugar.
Conocer aquel pasado ha supuesto para mi la confirmación del porqué sentirme orgulloso, pero por otra parte la tristeza del reconocimiento de ese pensamiento de que un tiempo pasado fue mejor, aunque también con el consuelo de que las cosas no siempre fueron así tal como las vivimos en la actualidad. Cualquier edificio, hasta el más decrépito y mal conservado de esta ciudad, fue en su momento la exaltación al buen gusto, a la exquisitez. Una prueba de que el gaditano no responde a ese tópico de exagerado, es equilibrado, entre otras razones porque nuestra ciudad actual es heredera de gentes que se movían entre sus ideales por una parte y sus dosis de realidad por otra que es lo que les daba de comer y les hizo sortear la pobreza alcanzando la riqueza en muchos casos.
Y que voy a decir de la satisfacción no solo de romper tópicos equívocos sino de descubrir cuestiones completamente desconocidas. Ese brillo en los ojos no tiene precio. Yo aconsejo a cualquiera que intente buscar el tiempo necesario, no solo para desentrañar el pasado de la humanidad, no solo para descubrir el suyo y su entorno más familiar, sino que se embarque en la tarea de conocer el pasado de eso que le rodea cada día, o de ese sitio en el que no está ahora mismo pero que añora. Yo puedo asegurar que si ese es el caso de un gaditano, esta ciudad no les va a defraudar, porque creanme, no va a haber celebración de bicentenario que le haga justicia de tan grande como fue. Esas celebraciones oficiales tienen varios inconvenientes, el primero tratar de concentrar en poco espacio y tiempo demasiadas cosas, y eso es como hacer la película basada en la novela, que normalmente no le hace justicia. En este punto solo sus mentes podrán alojar esa grandeza. El segundo es que esta conmemoración viene ya con un tufo de disputa política que todo lo está envileciendo en Cádiz. Yo por mi parte he decidido comenzar ya con la conmemoración, no solo del bicentenario de la Constitución de 1812, sino de todo lo que aconteció aquí en aquellos tiempos, no tengo porque esperar, y voy a intentar que haga justicia al hecho en si y a esta urbe que fue un prodigio de adelanto en todos los sentidos y tuvo que pagar las consecuencias de tener que amoldarse a un tiempo y un país que no favorecía ese modo de vida. Porque Cádiz fue tan grande, que no tuvo inconveniente por sacrificarse siempre por su país, hasta el punto de renunciar a si misma por él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario