lunes, 6 de julio de 2009

Honduras. El golpe de la Crisis

Si atendemos exclusivamente a los hechos y a sus formas, es evidente que lo producido en Honduras es un golpe de estado, más aun si hacemos caso de las formas que está empleando el actual gobierno. Las formas desde nuestras civilizadas democracias son censurables, pero qué hay en ese trasfondo. Pensar en la colocación de la cuarta urna y la modificación de la Constitución hondureña, como única razón, es aventurar demasiado. Cómo tampoco puede unirsele la única razón de una extrema derecha que desea recuperar como sea el gobierno de esa nación. Las formas políticas extremas, más aun en Sudamérica, nunca han necesitado grandes excusas ni esperas en el tiempo para obrar de esta forma. Un golpista lo es, y solo necesita los medios y no la jurisprudencia para actuar.

Los hechos que supuestamente ocasionan el golpe, ya los conocemos sobradamente por las noticias de estos días. Zelaya plantea un referendum para Junio que establezca si el pueblo considera necesario que se modifique la Constitución y se derogue el artículo según el cual, no podría presentarse como aspirante en las próximas elecciones de Noviembre. De ser así, se colocaría una cuarta urna en Noviembre destinada a la elección de una Asamblea Constituyente que llevara a cabo dicha modificación. Por su parte el presidente del Congreso, Roberto Micheletti, declaró ilegal no solo la convocatoria, sino incluso su anuncio de forma pública o privada, ya que vulnera el artículo 374 que dice que no se podrá utilizar el plebiscito y el referendo para reformar los artículos pétreos que establece el artículo 384 y que se refiere a la forma de gobierno, al territorio nacional, al período presidencial, a la prohibición para ser nuevamente Presidente de la República al ciudadano que lo haya desempeñado bajo cualquier tipo y referente.

Una vez conocido el detonante, me he interesado por los posibles antecedentes directos o inmediatamente anteriores, he intentado bucear en la hemeroteca más reciente sobre aquel país. Lo he hecho desprendiéndome en lo más posible de posicionamientos previos, que aun sin querer todos podemos tener. El marco de fondo que me he encontrado, común a toda centroamérica, es el de la crisis económica. Si ésta, como ya sabemos, es de índole mundial, en centroamérica, debido a sus débiles condiciones ha golpeado con más dureza si cabe. La esperanza de solución de estos países pasa por las ayudas externas, es decir, FMI (Fondo Monetario Internacional), Banco Mundial y BID (Banco Iberoamericano para el Desarrollo).

Todos estos organismos declaran su voluntad de dotar paquetes de ayuda a estos países más desfavorecidos, pero a cambio exigen de dichos países planes de gobierno que garanticen la viabilidad de dichas ayudas. En concreto el BID, a principios de año, aunque afirma que los actuales créditos son excesivamente caros para estos países promete estudiar sistemas que permitan una rápida concesión a los mismos. A cambio exige que los países beneficiarios se muestren sensibles y partícipes en políticas que beneficien el comercio interregional, como una vía para el desarrollo, así como celosos en mostrar economías transparentes y políticas que persigan de forma intransigente el fraude y la corrupción. Hasta aquí, hay que reconocer que el BID tiene más un discurso político que de propuestas claras y efectivas.

Es el FMI el que mueve ficha. Honduras acogido a las ayudas de este organismo, cuenta desde hace un año con un plan especial denominado “Stand By”, es decir un plan de concesiones que limita al mínimo las exigencias. El plan Stand By venció en Diciembre de 2008, y es a primeros de año cuando se presenta una comisión del FMI en Honduras, a fin de realizar una auditoría de la economía hondureña con el objetivo de ampliar dicho plan. Según se desprende los resultados de la auditoría no debieron ser alentadores, y la ministra de finanzas hondureña, Rebeca Santos, reconoció que Honduras no había podido cumplir ninguno de los puntos del acuerdo, aludiendo a la crisis económica y a la subida de los precios del combustible. No obstante el FMI aprobó un crédito de un billón de euros para la zona centroamericana. En tanto que países como Guatemala o El Salvador estaban recibiendo sus correspondientes partidas, el FMI seguía a la espera de un plan económico por parte del gobierno hondureño de Zelaya para asignarle los fondos. Y fue cuando saltó la chispa, ya que la respuesta por parte del gobierno de Zelaya fue la callada, ni ante los requerimientos de las diversas organizaciones, ni del parlamento. Solo obtuvieron una declaración de Zelaya: “Honduras no necesita un nuevo acuerdo con el FMI. La relación es por una conveniencia de estrategias políticas, de imagen económica internacional".

Debido a lo delicado de la situación, Roberto Micheletti, presidente del Congreso, emplazó al Ejecutivo que envíase el presupuesto con urgencia para ser discutido después de Semana Santa. Algunos diputados planteaban restringir los gastos del Gobierno en virtud de no tener presupuesto, desde viáticos a dinero para viajes, mediante decreto, para que tomen en serio el Presupuesto General de Ingresos y Egresos.

Por otra parte está el mapa político que se dibuja en toda hispanoamérica. Honduras se mueve entre las negociaciones y los prestamos del FMI, Banco Mundial y BID (de clara alineación con las democracias occidentales) y el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas). El ALBA es un proyecto de alineación política y económica de países hispanoaméricanos, intentando establecer un bloque de respuesta ante la presión de EEUU y el dólar. Con inspiración cubana, y fuertemente respaldado por Venezuela. Los socios del ALBA son Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Honduras, San Vicente y Granada, República Dominicana, Antigua y Barbuda. EL ALBA a su vez propone la creación del Banco Alba, en respuesta a los que consideran dominados por el dólar (FMI, Banco Mundial y BID) y la implantación de la moneda única, el SUCRE (Sistema Unificado de Compensación Regional). De hecho en el primer cuatrimestre se intensifican los contactos diplomáticos y encuentros en la cumple entre los países pertenecientes al ALBA. Por su parte el presidente de Bolivia, Evo Morales echa algo más de fuego al bidón de gasolina, declarando que los créditos del FMI están siempre sujetos al cambio de las políticas del país beneficiario, debiendo renunciar a políticas sociales, en beneficio de los estamentos financieros.

A medio camino de todas estas situaciones, se investiga la denuncia sobre un soborno millonario de tres funcionarios pertenecientes a la Empresa Nacional de Telecomunicaciones hondureña por parte de la multinacional norteamericana de telecomunicaciones Latin Node. En la denuncia aparece implicado el propio presidente del país.

Hay algo que parece evidente. Las instituciones hondureñas, con o sin susurros norteamericanos, no están por la labor de que se modifique la Constitución y que se repita el caso venezolano. Desde un punto de vista frío, hay que reconocer que el ALBA de momento aporta discurso político y poco más. Es por tanto evidente que los sectores, no precisamente de la izquierda hondureña estén más por un “vamos a llevarnos bien” con quién tiene los medios económicos y los pone a disposición. Es comprensible, las postura de fuerza radical en momentos en que el paro y el hambre azotan al país no parecen las más adecuadas. Tampoco ayudaron las protestas convocadas por organizaciones populares centroamericanas en contra de la celebración en Tegucigalpa de unas jornadas entre gobiernos centroamericanos y delegados de la UE para negociar un acuerdo de asociación. Como tampoco ayudó la pasividad del gobierno Zelaya en calmar las aguas o en mostrar que se tiene un plan de emergencia. Los silencios en momentos tan delicados no hacen sino acrecentar los temores y las incertidumbres. Todo esto ha puesto en la olla unos ingredientes que no era extraño que elaboraran el caldo que actualmente tenemos ante los ojos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hombre, Zelaya pretendía reformar la Constitución para perpetuarse en el poder. Poco democrático el ex-presi. En América Latina las cosas funcionan de otro modo. Le han dado una merecida patada en el trasero.