Es diez de Noviembre y se celebra el 198 aniversario del decreto promulgado por las Cortes de Cádiz en 1810 declarando la libertad de imprenta. Tal como recoge Emilio La Parra Lópezen su libro “La libertad de prensa en las Cortes de Cádiz”, esto no fue un hecho repentino, sino que tal como sucede todo en la historia, desde décadas anteriores esta necesidad fue imponiéndose debido a la costumbre y la forma de pensamiento de la época (ilustrada). Conviene recordar que hasta ese momento la Santa Inquisición se reservaba el derecho de revisar todo aquello que se imprimiese y publicase, evitando si fuese necesario su difusión.
Interesado por el tema seguí leyendo a Emilio La Parra y asistiendo a que no solo están los hechos incuestionables de que la libertad de imprenta viene de la mano de una cultura ilustrada, de que lo importante en si no era la publicación libre de las diferentes opciones políticas, que eso quedaba como asunto secundario, sino la construcción y difusión de un nuevo orden social basado ideológicamente en el diálogo, el discurso, el debate, las opciones elegibles, etc. De un sistema político arbitrado por liberales no podía venir sino práctica librepensante.
Nos va narrando que el camino hacia la promulgación del decreto tuvo que superar el debate de una libertad de imprenta completamente libre o una libertad con la excepción de aquellos asunto referidos a la “religión y a las buenas costumbres” a los que seguir aplicándole una revisión por parte de la Iglesia. Ambas opciones tenían sus adeptos cargados de razones. De hecho hoy en día, casi doscientos años después, el debate aun no se ha cerrado porque seguimos asistiendo al hecho de que bajo el paraguas de dicha libertad se estén cometiendo todo tipo de tropelías que no siempre quedan resueltas en los tribunales.

Documentándome sobre todos estos acontecimientos históricos uno puede sacar la misma conclusión de siempre, que todas las consecuciones fueron laboriosas, pero asistes a los resultados de la misma y te preguntas si lo que hoy conocemos como libertad de imprenta es realmente lo que aquellos legisladores pretendían. Llegados a este punto quizás tendríamos que distinguir la libertad de imprimir de la libertad de escribir. Cierto es que hoy en día no existe traba para que uno tome posiciones de pensamiento y pueda escribir sobre ello, otra cuestión es que pese a la tan cacareada libertad, esa posición llegue a ser difundida por alguno de los medios audiovisuales existentes hoy en día. Centrándonos en el medio impreso, por simplificar, digamos que tu puedes escribir lo que te venga en gana, ya veremos si te lo imprimimos.
Hoy en día, lo mismo da que las asociaciones de prensa se reúnan en pomposos actos para celebrar esta libertad tan significada, los que componen ese espectro nacional de medios de comunicación, en el que esta libertad se reduce a plasmar la crónica siguiendo una de las dos tendencias claras y definidas. Depende para quién trabajes tendrás un punto de vista concreto y predeterminado de la realidad y opuesto al otro medio, el del que no te paga. No hay más allá del horizonte de los grandes holdings de la comunicación. Pese a que muchos medios tengan la tendencia a denominarse El Imparcial, El Independiente, y cuantos calificativos queramos poner en el título, esto no es sino parte de la hipocresía que rodea a nuestra civilización, la misma que te anuncia un banco que ama a sus clientes por encima incluso del dinero, que una compañía de seguros está deseando tirar la casa por la ventana cuando te ocurra algo, o tan simple como que no existe un detergente que tenga la capacidad de absorver cualquier tipo de mancha.
Gracias a internet están saliendo nuevas formas de publicar fuera del alcance de las grandes mordazas y es ahí donde puedes comprobar la gran cantidad de noticias de alcance que están silenciadas debido a los intereses creados. Será porque la prensa es también denominada cuarto poder, lo que la dota de la posibilidad de tener un mejor entendimiento con los poderes restantes.
Los últimos logros en este ambiente de libertad de imprenta son aquellos que se hacen llamar periodistas sin que sus actividades se aproximen a la información. Y que vamos a decir en el otro extremo, los profesionales mal pagados o en el paro. En el impresionante esfuerzo de renunciar a ti mismo y a tus creencias, te añaden el de renunciar a un trabajo o sueldo digno.
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